El éxito de nuestro trabajo en el salón de clases no siempre depende de la dedicación y esfuerzo que le damos a la organización, planificación e investigación de nuestras actividades. La heterogeneidad de los estudiantes propone una tarea aún más difícil, pues se deben atender las necesidades e intereses particulares de cada alumno.

Es por eso que el momento crítico en el proceso pedagógico no se da en las horas fuera de clase, en las horas de preparación docente, sino en el horario de clases, frente a grupo. Es en este momento que se pone a prueba todos nuestros conocimientos y habilidades como docentes. Nadie dice que sea fácil y en esta publicación no pretendemos darte la fórmula mágica para lograrlo, tan solo proponemos una serie de consejos prácticos que pueden hacer más fácil tu labor y generar una relación afectiva y efectiva entre alumnos y maestros, que a la larga se verá reflejado en un mejoramiento en el desempeño escolar.

 

1. Encuentra la emoción del conocimiento. Si buscas que la información que estás transmitiendo llegue y se quede en tus alumnos, debes encontrar alguna forma de pasión en la materia que impartes. Demuéstrale a tus alumnos, a través de tu discurso, que aquello que les estás enseñando tiene un valor no sólo académico sino también uno práctico. Este tipo de emoción es muy contagioso y lograrás que el ambiente se transforme a uno más receptivo y que tus alumnos creen un lazo afectivo contigo y con la materia.

 

2. Mantén la mente abierta ante la diversidad. Estar frente a un grupo es enfrentarse a una gran cantidad de contextos, historias, capacidades, habilidades, tradiciones y juicios. Es necesario que, como docente, comprendas que no existe una sola realidad si no un sinfín de puntos de vista y paradigmas que debemos aceptar. Todos tienen el derecho de expresar sus opiniones, como maestro lo único que podemos hacer es mantener un ambiente de respeto y tolerancia.

 

3. Ve más allá de lo que ven tus ojos. Debemos recordar que cada alumno es una persona con sus particularidades, con un nivel cognitivo distinto, con más o menos experiencias personales y académicas, elementos que pueden tanto interferir como favorecer el proceso de aprendizaje. Habrá momentos en los que ciertos alumnos no alcancen los niveles que desees, es aquí cuando la tarea docente debe ser analizar el por qué del rezago y hacer algo al respecto. Siempre se debe ayudar antes de reprimir.

 

4. Aprovecha todos los recursos posibles. Si al explicar con palabras la información no es suficiente para que ésta sea comprendida por todos, vuelve a explicarlo con otras palabras. Si esto no funciona puedes recurrir a imágenes o videos como material de apoyo. Si esto no funciona deberás encontrar más recursos, otras formas de acercamiento a la información, etc. Lo bueno es que hoy en día hay una gran variedad de recursos a nuestra disposición que puedes utilizar. Lo único que debes recordar es que volver a explicar no es repetir textualmente, es utilizar el plan B o el C.

 

5. Demuestra el valor agregado del conocimiento. Nunca debemos decir que lo que se está aprendiendo es importante porque “estará en el examen”. El conocimiento si es importante, pero no por esa razón, le debemos demostrar a los estudiantes que esto que les estamos transmitiendo tiene una utilidad que le será útil para el resto de su vida. Esto es lo que lo enganchará y le hará querer aprenderlo y hacerlo suyo. El secreto es generar una necesidad de conocimiento: “si no aprendes matemáticas nunca podrás ahorrar dinero y comprar todos los juegos o dulces que quieres”.

 

Por: Redacción AZ, con información de Apptúa

 

Articulo tomado de:  http://www.educacionyculturaaz.com/educacion/como-potenciar-la-relacion-maestro-alumno